Crítica y Resistencias. Revista de conflictos sociales latinoamericanos

N° 10 (enero-junio). Año 2020. ISSN: 2525-0841. Págs.3-21

http://criticayresistencias.com.ar

Edita: Fundación El llano - Centro de Estudios Políticos y Sociales de América Latina (CEPSAL)

Gobierno neoliberal de la pobreza en Córdoba: hacer la vida en una red de fragmentos[1]

Neoliberal government of poverty in Córdoba: living in a netting of fragments

Francisco Ghisiglieri[2]

Resumen

Este trabajo presenta un análisis de los procesos que se construyen en el interjuego entre gobierno y subjetivación en jóvenes de una villa de la Ciudad de Córdoba (Argentina). Para tal fin, se abordan las transformaciones urbanas en la historia reciente de la Ciudad de Córdoba destinadas a los sectores populares y sus implicancias en términos de condiciones de subjetivación. Desde una metodología cualitativa, se realizaron registros de campo y entrevistas a jóvenes y adultas/os de la villa, así como una recolección de noticias periodísticas referidas a la problemática y la población. Para el análisis, se toman herramientas de la analítica del poder foucaultiana. En el caso de la Ciudad de Córdoba, se destaca que las políticas urbanas y de hábitat formaron parte de las estrategias que se desplegaron frente al aumento de la pobreza que el ingreso de la gubernamentalidad neoliberal provocó. Estrategias de gobierno que se pueden sistematizar bajo la idea de una racionalidad de red de fragmentos, que tuvo entre sus funciones estratégicas la destitución de capacidades relacionales y políticas de las subjetividades. Frente a esto, desde los y las jóvenes emerge una práctica de subjetivación que se asume como un arreglo individual.

Palabras claves: Subjetivación, Gubernamentalidad, Juventud, Neoliberalismo, Fragmentación social.

Abstract

This paper presents an analysis of the processes that are built in the relationships between government and subjectification in young people living in a shanty town, located in the City of Córdoba. Therefore, approaches are made of the urban transformations in the recent history of the City of Córdoba; and its repercussion to the popular sectors and the subjectification. This study presents a qualitative methodology, using instruments such as participant observation and interviews of the residents at the shanty town and recollection of newspaper articles that analysis this subject. The analysis focused considering Foucault concepts and his theory of power. Habitat and urban policies at City of Córdoba were correlated to strategies implemented against the increase of poverty caused by the neoliberal governmentality. These government strategies that can be systematized under a rationality of netting of fragments, which generated the destitution of relational and political capacities of subjectivities. Therefore, from young people perspective a practice of subjectivation emerges that is assumed as an individual solution.

Keywords: Subjectification, Governmentality, Young people, Neoliberalism, Social fragmentation

Introducción

La Ciudad de Córdoba, como veremos, ha sido afectada por un modo de gobierno que intervino el territorio de manera privilegiada y sistemática. Desde hace más de 30 años, diferentes políticas de hábitat e inclusión urbana se articulan conformando un dispositivo de gestión de la localización y circulación de la población cordobesa, y desde allí, provocan lo que Ciuffolini (2011a) definió como un síntoma de nuestro presente: la territorialización de una experiencia social que se caracteriza por ser fragmentaria y a la vez dislocante.

Los inicios de estas tecnologías de gobierno[3] coinciden con el desarrollo de las condiciones de gobierno neoliberales[4]. Gubernamentalidad neoliberal (Foucault, 2007) que, gracias a su capacidad de modulación y desplazamiento, logró desplegar nuevas formas de producir y administrar la vida sobre los más diversos territorios (Ciuffolini, 2017). Como señalan Laval y Dardot (2013), el neoliberalismo moldea nuestra experiencia del presente.

El neoliberalismo es un gobierno globalizado, articulado a nivel internacional, aunque con contextualizaciones y particularidades locales[5]. Es importante considerar que en Argentina fue posible sobre el terror y la violencia de un gobierno de facto (1976-1983) (Yagüe, 2016), el cual provocó un claro crecimiento de la pobreza y la desigualdad -que se exacerbaron en los años venideros- (Basualdo, 1999; Cristobo, 2009; Arakaki, 2011) y un profundo disciplinamiento social (Torrado, 2010).

Siguiendo a diversos autores que han trabajado sobre esta temática (Álvarez Leguizamón, 2005; Murillo, 2011, Ciuffolini, 2017), podemos decir que el neoliberalismo, desde esta violencia fundante, agenció múltiples desplazamientos en aspectos esenciales del funcionamiento social. A modo de síntesis, podemos señalar: la consolidación de un sujeto entendido como sujeto consumidor; el individualismo y la competencia como forma prevaleciente del lazo social; el emprendedurismo como nuevo valor; la concepción del Estado como socio subsumido a un rol de facilitador del mercado; y, por último, un esencialismo ontológico de la pobreza y la desigualdad, una naturalización de la misma.

La racionalidad neoliberal niega a la igualdad como un objetivo del buen gobierno, la destierra de lo deseable política y económicamente (Foucault, 2007). Si con los Estados de Bienestar, la propiedad y la igualdad fueron dos enunciados claves en su racionalidad, mientras se intentaba ocultar la pobreza; con el neoliberalismo, en cambio, la pobreza y desigualdad ocupan un lugar central (Murillo, 2008). La pobreza ya no es un significante que se oculte sino que se enuncia y forma parte de diversas estrategias discursivas (Foucault, 2007).

El objetivo del pleno empleo se abandona bajo la comprensión de que cierto margen de pobreza y desigualdad es natural, e incluso, necesario (Foucault, 2007). El objetivo es, más bien, combatir la desigualdad excesiva, pero sin intenciones de desterrar la pobreza, sino más bien, aliviarla (Murillo, 2008). Las acciones del Estado se activarán sólo frente al riesgo de estar por debajo de un cierto límite (Foucault, 2007) -representado por indicadores como pueden ser las Necesidades Básicas Insatisfechas, o los mínimos biológicos (Murillo, 2011).

En el paso de las protecciones universales garantizadas por el Estado a las asistencias focalizadas se configuraron una serie de intervenciones y programas cuya función fue contener una creciente población de trabajos precarizados, o desempleada (Murillo, 2008; Giavedoni, 2013; Grinberg, 2015). Las claves de estas intervenciones serán la gestión local del riesgo y el emprendedurismo, consolidadas en la búsqueda de empoderamiento de los sectores empobrecidos (Murillo, 2007; Grinberg, 2010) y su consecuente exacerbada responsabilización de los sujetos por su condición económica y social. Como señala Ciuffolini (2017), en la Provincia de Córdoba diversos programas de inserción social, laboral, de género siguen este formato del sujeto empresario de sí mismo.

A su vez, el ingreso del neoliberalismo significó también un giro en el modo en que se venía concibiendo lo propio de las poblaciones juveniles: pasaron de ocupar en los años ’60 y ‘70 un rol protagónico en la participación política y en ser pensados como los agentes de la revolución[6], a ser consolidados en los años `90 como los responsables de la violencia ciudadana. De acuerdo a Reguillo (2000), sin tomar en consideración la pobreza y exclusión creciente y el vaciamiento de los debates públicos que se estaban gestando, “resultó fácil convertir a los jóvenes tanto en ‘víctimas propiciatorias’, en receptores de la violencia institucionalizada, como en la figura temible del "enemigo interno" que transgrede a través de sus prácticas disruptivas los órdenes de lo legitimo social” (p. 22). En este régimen de saber-poder neoliberal, regido por un paradigma de seguridad que pone el énfasis en las nociones de riesgo y peligro (Foucault, 2006), los jóvenes adquieren visibilidad como problema social (Reguillo, 2000) y como agentes de ese riesgo potencial (Chaves, 2004).

Como fundamentaré a continuación, para el caso de la Ciudad de Córdoba, las políticas urbanas y de hábitat son parte de las estrategias de gobierno que se desplegaron frente al aumento de la pobreza provocada por el ingreso de la gubernamentalidad neoliberal. Estrategias que tienen entre sus principales efectos una destitución de la dimensión colectiva de lo social (Ciuffolini, 2017); y frente a las cuales los y las jóvenes producen una práctica de subjetivación que se asienta en la idea del sujeto como responsable de sí, pero habilitando un umbral hacia otras formas de subjetivación posibles.

En este artículo me propongo abordar categorías analíticas que emergen del análisis realizado en el marco de mi investigación doctoral: “Procesos de subjetivación de jóvenes en condiciones de pobreza en un barrio de la Ciudad de Córdoba (Argentina)”. Estas categorías me permitieron avanzar en la comprensión de las estrategias de gobierno en las que se fueron constituyendo las vidas de las y los jóvenes del barrio Barranca Yaco[7].

Más específicamente, me propongo analizar las particularidades que presenta el gobierno neoliberal de la pobreza en la Ciudad de Córdoba y, en especial, en Barranca Yaco, a través de considerar las transformaciones urbanas en la historia reciente de la Ciudad. Para ello, analizo dos políticas urbanas destinadas a los sectores populares y sus implicancias en términos de condiciones de subjetivación. Por último, examino una de las formas juveniles de apropiarse subjetivamente de los elementos que este gobierno descripto impone, una subjetivación que se presenta como una forma de lidiar con la fragmentación social asumiendo su subjetividad como un arreglo individual.

Con el objetivo de mapear las relaciones de poder que gobiernan las vidas de la juventud de Barranca Yaco utilicé una estrategia de análisis cualitativo (Maxwell, 1996, 2004), incorporando herramientas de la analítica del poder foucaultiana (Foucault, 2000, 2006, 2008). En términos generales, podemos decir que esta analítica permite, dentro del campo de relaciones de fuerza, analizar los mecanismos de poder a partir de estrategias inmanentes (Foucault, 2000). El análisis es de restitución (Foucault, 2008), en tanto busca el modo en que se distribuyen los múltiples elementos en estrategias de poder, y propone algunos giros epistémicos: pasar de una mirada puesta en la función de la ley, a indagar los objetivos estratégicos; de los efectos de prohibición a los efectos de eficacia táctica; de la dominación como soberanía única y estable a las relaciones móviles de fuerza (Foucault, 2008).

La recolección de datos se llevó adelante durante los años 2013-2017 en barrio Barranca Yaco (Córdoba – Argentina). Articuló la observación participante –entendida como un modo de instalarse en el terreno para dilucidar allí los tejidos en los que se entraman gobierno y subjetivación (Grinberg, 2015)–, entrevistas a jóvenes y adultos/as, y análisis de fuentes secundarias. El escenario de observación privilegiado fue un proyecto socio-educativo ubicado en Barranca Yaco, el cual brindaba apoyo escolar a niñas, niños y jóvenes, y realizaba diversas actividades comunitarias para con las familias del sector. El análisis de fuentes secundarias, por su parte, se centró en noticias periodísticas, documentos gubernamentales y de difusión de organizaciones sociales y políticas. Con esta triangulación busqué ir más allá de la mirada intra-comunitaria, pero sin negarla, ya que el objetivo era visibilizar la articulación de estas prácticas cotidianas con un dispositivo de gobierno.

Como sostiene Grinberg (2010, 2015), la relevancia de incorporar a la dimensión de lo cotidiano en el análisis no se basa en la búsqueda de la singularidad como un momento del devenir de lo universal, sino en que lo cotidiano se configura como un campo de rupturas, desdoblamientos y multiplicaciones del devenir histórico. De este modo, emerge una dimensión de análisis que puede ser indagada empíricamente: “las líneas de fuerza en su historicidad tal como son vividas y hechas en territorio” (Grinberg, 2015, p. 124); el modo en que las tecnologías de gobierno se juegan en la dimensión de la vida cotidiana y se articulan en las subjetividades.

Biopolítica en Córdoba: hacer la vida en una red de fragmentos

La política urbana de Córdoba puede ser leída bajo la caracterización de lo que Prévot Schapira (2002) denominó como metropolización. Este proceso se define por una serie de medidas como la tercerización de la economía, la privatización de servicios urbanos, el desarrollo de un sector inmobiliario exclusivo para usos del espacio de determinados grupos sociales y, como consecuencia de estas medidas, el aumento de la pobreza y la desigualdad.

Encontramos que este escenario se ha producido en Córdoba a través de dos movimientos complementarios. En primer lugar, un proceso de marginación que tiene sus orígenes en la década del `80 con el Programa Municipal de “Realojamiento Definitivo de Villas de Emergencias” (1984-1990) (Cervio, 2015). Luego, su consolidación se da con el Programa Provincial “Nuevos Barrios: Mi Casa, Mi Vida”[8] -decretado en el año 2002 por el Gobierno Provincial y con financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (Peralta & Liborio, 2014; Cervio, 2015)-, el cual aseguró la erradicación casi definitiva de las villas de las zonas centrales y peri-centrales de la Ciudad.

Es destacar aquí la relación que existe entre la marginación de los sectores populares que aseguró esta primera línea de transformación, y la producción de urbanidades selectivas (Montoya & Pairó, 2014) que provocará la segunda. La posibilidad de generar una Ciudad con zonas embellecidas estratégicamente (Boito & Espoz, 2014) tuvo como condición esta violencia fundante generada por la erradicación masiva de villas.

La segunda línea de transformación socio-urbana se refiere al uso de los espacios que fueron previamente “liberados” y “recuperados”: medidas que buscaron valorizar estos territorios a través de un regreso a la ciudad construida o gentrificación[9]. En este sentido, se puede apreciar en Córdoba un estilo de producción espacial común a otras realidades latinoamericanas[10]. Este proceso se da bajo la acción conjunta del Estado -que interviene valorizando zonas o facilitando medidas legales- y de fondos privados -que se abocan a la construcción de mega-proyectos inmobiliarios que, paradójicamente, atentan contra los mismos espacios públicos.

En esta segunda línea, las políticas de vivienda popular ingresan en una nueva lógica de intervención. Desde fines del 2008, el Gobierno de la Provincia de Córdoba - también, en articulación con el Banco Interamericano de Desarrollo- lleva adelante el Programa de Mejoramiento Barrial, el cual promueve un “alivio de la pobreza” a través de la inclusión social y espacial (Marengo & Elorza, 2009). A diferencia del Programa anterior, este sólo afecta cuatros villas (Barranca Yaco, Bajo Pueyrredón, General Savio y Campo de la Rivera) y no relocaliza a las comunidades intervenidas, sino que se propone mejorar su lugar actual.

En un sentido general, vemos que las dos últimas políticas destinadas al hábitat popular - el Programa “Mi Casa, Mi Vida” y el Pro.Me.Ba.- estuvieron regidos por modos de abordar la cuestión social propios de una racionalidad neoliberal (Foucault, 2007): el Estado realiza una activación de la cobertura social sólo por debajo de cierto umbral constituido por la posibilidad de auto-gestión de los sujetos, tienen como principios la descentralización y la multiplicación del acceso a la propiedad; las políticas sociales son concebidas en formato de programas y, por último, la pobreza es un elemento central en la estrategia discursiva.

Avanzando con el análisis, quisiera precisar cómo estas intervenciones se articulan bajo una racionalidad de gobierno que se concibe como una red de fragmentos, capaz de articularse en función de un efecto estratégico: la destitución de la ciudad como lugar de encuentro. La Ciudad pasa, de ser un territorio de intercambio, a ser un territorio de fragmentos.

El Programa “Mi Casa, Mi Vida” formó parte de un programa más amplio llamado “Red Vida Ciudadana”. Este programa, a su vez, se incluía en otro de mayor alcance llamado Programa Red Vida. Nace en un contexto en el que el entonces Gobierno de De la Sota[11] promovía medidas en el nombre de una modernización del Estado, junto con un incremento de políticas de seguridad en cooperación con el Manhattan Institute y la Fundación Axel Blumberg.

Figura 1. Cuadro sinópico del Programa Red Vida, en el que estaba originariamente inserto el Programa “Mi Casa, Mi Vida” (elaboración en base a noticia periodística Programa red vida [Programa red vida, 13 de marzo del 2003]).

De este modo, la “Red Vida Ciudadana” se propuso, además del Programa habitacional, la creación del Comando de Acción Preventiva -una fuerza policial para prevenir el delito. Se puede percibir aquí algo que Foucault (2006) describió como propio de las tecnologías de gobierno de la población: la estrecha vinculación entre la problematización del territorio y de la seguridad. Montoya y Payró (2014) señalan, incluso, una sincronía entre el auge de discursos que asociaban delincuencia con pobreza, y el diseño del Programa de erradicación. Sin dudas, la criminalización de la pobreza no se generó en ese momento, pero sí podemos pensar que a la hora de implementar el Programa se da una especial consolidación a nivel local debido a la conveniencia estratégica de esos discursos.

Como se detalla en la figura 1, bajo el formato de una red, el Programa Red Vida tomó las diversas esferas de la vida social a su cargo (trabajo, salud, hábitat, seguridad). A pesar de su aparente dispersión, estas dimensiones se articulan bajo un mismo objetivo estratégico que es, precisamente, la vida de la población. Es decir, la fragmentación se inscribe de modo sistemático en una lógica de conjunto que la excede; emerge y se consolida dentro de una articulación general de una red que tiene un objetivo específico: el gobierno de la vida.

Por ello, en lugar de las definiciones de lo fragmentario que lo ligan a algo lábil, considero que más que ausencia de articulación, se trata de una racionalidad de gobierno que encuentra en la fragmentación un modo de ramificarse (Grinberg, 2010), como parte de una biopolítica. La figura 1 (p. 62) muestra la tensión entre una racionalidad fragmentaria de política social selectiva y una biopolítica capaz de articularla.

En el marco de la biopolítica neoliberal, la pobreza se define como una situación cuyas causas pueden ser tanto económicas como actitudinales, de infraestructura como de habilidades sociales, es decir, como un fenómeno multicausal cuyas determinaciones se encuentran en igualdad de importancia, sin relación de dependencia entre sí (Murillo, 2008). Pobres son quienes, debido a múltiples circunstancias, a condicionamientos objetivos o subjetivos, se cayeron del juego económico y abandonaron la competencia (Murillo, 2011).  

Esta racionalidad se articula con la focopolítica neoliberal (Álvarez Leguizamón, 2005), ya que para cada aspecto que determina la pobreza, se diagrama una acción específica. Como se puede ver en este Programa, se definen líneas de acción que tienen cierta autonomía, conformando una multiplicidad de dispositivos que provocan una descomposición de la política social (Álvarez Leguizamón, 2005). No se trata de políticas universales, sino destinadas a poblaciones específicas con problemas específicos que no han podido, por sí mismos, adquirir este bien. Desde esta perspectiva, el desarrollo requiere de la voluntad de agruparse a partir de problemas particulares y, sobre todo, del deseo de progresar, de mejorar, de emprender por sí mismo (Murillo, 2011).

Merecer el techo propio

Febrero de 2005. El entonces gobernador De La Sota se dirige a las 223 familias de Barranca Yaco que acordaron el traslado al barrio Ampliación Renacimiento -desarrollo urbano que se hizo dentro del Programa “Mi Casa, Mi Vida”[12]. En un fragmento de su discurso de inauguración, los interpela del siguiente modo:

Y quiero pedirles a las 223 familias que hoy reciben su casa: hoy ustedes se transforman en familias propietarias. Esta casa es de ustedes, y no hay nada más importante que tener el techo propio queridas familias… para las familias, para los hijos de ustedes. Quiero desearles que sean muy felices en estos nuevos hogares que a partir de hoy ustedes tienen. Quiero desearles que vean crecer los hijos sanos y fuertes. Que ustedes y sus esposos puedan conseguir el trabajo que falta, el empleo que no tienen. Quiero desearles a los abuelos que pasen los años que le quedan por vivir felices en compañía de sus hijos y de sus nietos.

Y quiero pedirles a todos ustedes que cuiden estas viviendas. Son el resultado del esfuerzo de todos los cordobeses. Esta casa no tiene costo para ustedes, pero ustedes la merecen por tanto que han sufrido. No desperdicien el esfuerzo de todos los cordobeses. ¡Quiero ver este Barrio Renacimiento cada vez más lindo, cada vez con más árboles, cada vez con los paseos más cuidados, cada vez con los árboles más generosos! (Aplausos) (Trascripción de fragmento del discurso [Gobierno de la Provincia de Córdoba, 4 de marzo de 2005]).

El discurso interpela deseos y esperanzas a través de múltiples desplazamientos que se generan desde las nociones de “techo propio” y “familia propietaria” a “felicidad”, nuevo comienzo, inclusión ciudadana. La “transformación a familias propietarias” genera, de este modo, una matriz de transformación subjetiva, una superficie en la que el poder se apoya (Foucault, 2008). Superficie que se ubica entre el gobierno neoliberal y los deseos individuales o familiares ligados a obtener una casa propia.

En este camino, emerge un enunciado clave: el “merecer”. La subjetividad a la que se le habla es aquella que merece. En la línea de la figura del “buen pobre”, define un sujeto que por poseer un talante sufriente podrá merecer la vivienda. Es el pobre al que, cuando sale del marco moral que lo define como buen pobre, se le reclama: se convierte en un pobre desagradecido, no merecedor. El merecer se constituye en una de las fronteras que este dispositivo instala: habrá quienes merezcan este regalo con que el Estado los bendice, y habrá quienes resulten no merecedores de esta vivienda, de esta oportunidad de empezar de nuevo.

De este modo, la acción del Estado no se inscribe en una discursividad de derechos, sino que se define por el “corazón generoso” del gobernador. Tampoco en una discursividad de justicia social: no se trata de un sujeto que soporta ninguna injusticia sobre sus hombros, sino que posee una responsabilidad sobre su realidad, y que para revertirla amerita un esfuerzo mayor. Se inscribe más bien en esta tradición de acciones caritativas hacía el pobre, históricamente atribuidas a la iglesia, y que en la modernidad pasan a ser tomadas por el Estado.

Esta objetivación -en términos de “merecedores”- los niega como sujetos políticos. A diferencia de, por ejemplo, la época de la Mesa de Concertación de Políticas Sociales[13], donde a través de organizaciones sociales y territoriales, los pobladores eran considerados un interlocutor válido del Estado (Avalle & Ibáñez Mestres, 2011), aquí se les desconoce una historia de organización comunitaria y se los objetiva como merecedores de una política que se produjo por fuera de ellos.

Por otro lado, vemos un fenómeno que Cervio (2015) llamó fantasía de inclusión ciudadana: en las lógicas de marginación y control de los pobres en Córdoba se articula con una “retórica estatal bajo la fantasía de las bondades ciudadanas e inclusivas que ‘mágicamente’ se derramarían del acceso al techo propio” (p. 187). Se trata de un discurso que opera a través de una inversión lógica de la racionalidad de fragmentos que vengo describiendo: si en el plano de la política social, la fragmentación define que para cada dimensión de la pobreza corresponde una intervención parcial; en el sentido inverso, encontramos que la satisfacción de una necesidad focalizada (la vivienda) lograría impactar en el conjunto del problema (la inclusión ciudadana).

Sin embargo, estas articulaciones entre la inminente adquisición de nuevas viviendas y la adquisición del “trabajo que falta”, el bienestar de los “abuelos”, la felicidad familiar, se asientan sobre lo que desde el psicoanálisis podríamos llamar una renegación de la realidad. Este Programa no preveía ninguna medida específica para mejorar ni el empleo, ni la situación de los y las jubiladas. De hecho, rápidamente se constató que generó mayores dificultades aún para la inclusión social por la estigmatización que reforzó, así como para la inserción laboral, ya que alejó considerablemente las fuentes de trabajo. Frente a esta condición de desempleo generalizado -sólo la mitad de los villeros tenía algún tipo de trabajo y en gran parte esos empleos se daban en condiciones de precarización laboral[14]-, el Estado no sólo no se responsabiliza de no garantizar este derecho, sino que hace un uso de esa vulnerabilidad para fundamentar una política de exclusión.

La renegación ubica a este discurso en el marco de una discursividad perversa, la cual tiene por condición el desconocimiento de legalidades y la reducción del otro a un objeto de satisfacción pulsional[15]. (Marcia Maluf, 2001). En el caso del discurso analizado, a la par que se desconocen las acciones realizadas por la comunidad de Barranca Yaco para incorporarse al programa de viviendas -en ningún momento se hace alusión a una comunidad que ha logrado motorizar mecanismos estatales (como da cuenta el trabajo de Cervio [2007])-, se los reduce a un estatuto que los vuelve instrumentos de una política de Estado: sufrientes y carenciados, a quienes el Estado generoso les da una vivienda. Merecer la vivienda implica asumirse como sufriente e impotente; dejar fuera de los marcos de reconocibilidad la dignidad de las potencias colectivas pre-existentes.

Tener dignidad

La “nueva generación” de políticas sociales que inauguró el Programa de Mejoramiento Barrial le imprime a la racionalidad de gobierno algunas mutaciones y desplazamientos con respecto a la anterior. Incluso está representada por un nuevo personaje político: Schiaretti[16] -proveniente del mismo partido político que De la Sota.

En el año 2008, en un acto a ocasión de los inicios de las obras del Programa de Mejoramiento Barrial en Barranca Yaco, el entonces Gobernador decía:

Ahora viene el momento en el que tenemos que ponernos de acuerdo los vecinos y los gobiernos provincial y municipal para que estas barriadas tengan calles, luz, asfalto, agua corriente, cloacas y gas; en fin: para que tengan dignidad (Gobierno de la Provincia de Córdoba, 30 de diciembre del 2008, párr. 4).

La primera transformación que notamos es que aquí ya no se trata de merecer –o no- una vivienda, sino de tener -o no- dignidad. Es de destacar que la dignidad no se plantea como algo inherente al ser humano -como plantea el discurso de los Derechos Humanos-, sino que el Estado puede distribuirla a través de la infraestructura urbana.

El objetivo es que la gente deje de vivir en las villas miserias[17] y pasen a vivir en barrios como corresponde – Gobernador Juan Schiaretti en alusión al Pro.Me.Ba. (Gobierno de la Provincia de Córdoba, 22 de junio de 2011, párr. 2).

Las posiciones que se despliegan en este discurso también son diferentes. Si antes se trataba de que los sujetos debían merecer la acción del “generoso corazón” del Gobernador, aquí se esboza una des-personificación tanto del Estado como de los sujetos destinatarios. En definitiva, los barrios son lo que “corresponde” y la villa es lo que se debe dejar atrás; el Estado tiene el deber de dar dicha infraestructura urbana, y a través de esta, dar la dignidad a estas personas que allí viven; lo que eran familias, abuelos, hijos, se transforman aquí en “barriadas”, en “gente”.

En este nuevo diagrama de poder, se configura una estrategia en la que el Estado adquiere su poder en la capacidad de gestionar dignidad, de otorgar dignidad a través de garantizar servicios urbanos.

Esta reconfiguración tiene profundas implicancias en la vida de las personas afectadas. Como se puede ver en el siguiente fragmento de registro de campo, las condiciones de vida dignas definirán el modo en que se deben distribuir los cuerpos en el espacio:

Voluntaria- ¿Quién te sacaba de dónde vos estabas viviendo, en este caso en la casa de tu mamá? ¿Quién te venía y te decía que te tenías que ir?

Romina (Mujer adulta)- La gente del gobierno. La misma gente del Gobierno. Pero no es que yo estaba viviendo en la casa de mi abuela. Sobre el terreno de la casa de mi abuela, yo edifiqué mi casa. El tema es que eran dos familias, que, en mi caso, yo tenía poco espacio porque mi patio era mínimo, y al tener a mi hijo, no cumplía las condiciones de vida, según ellos. Entonces, ¿qué hicieron? Me sacaron de ahí, me llevaron y me dieron una casa, y le dieron mi casa a mi abuela (Registro de campo, 1 de noviembre de 2017).

Los criterios que definen lo saludable o lo suficientemente digno se dan por fuera de la participación de las personas implicadas. Esto se ve cristalizado claramente en la frase: “no cumplía con las condiciones de vida, según ellos”, e incluso, como se verá en el siguiente fragmento de la entrevista, puede estar francamente en oposición a la voluntad de los sujetos implicados.

En esta redefinición emergen significantes con mayor tecnicismo: circulan las nociones de salud, higiene, enfermedad, condiciones de vida mínima. Estos términos moldean los criterios que definen/habilitan/fundamentan la intervención estatal.

Voluntaria - ¿Cómo fue ese proceso para vos?

Romina - Traumático, porque justamente fue en el momento de que descubrí que mi abuelo tenía cáncer y que la casa al final se la iban a dar a mi abuela para que mi abuelo tuviese mejor condición de vida por lo menos el último tiempo que le quedaba porque se tenía que cuidar en la salud, la higiene, y el lugar en el que él estaba no lo cumplía.

Entonces, me hablaron a mí del Ministerio, tuve que ir a la reunión del Ministerio, y me dijeron: "Mira, en vez de sacarte a vos, lo vamos a sacar a tu abuela con tu abuelo, que se vayan ellos a la casa nueva". Yo le dije que no hay ningún problema, le firmé todos los papeles cediéndole mi casa.

Y después pasó que mi abuelo no se quiso ir y estuvo peor, se enfermó por saber de que lo iban a sacar de su casa, se puso peor así que tuvimos que hacer toda la transferencia de nuevo, del terreno, me la pasé, no sé, entre que el Hospital y el Ministerio, era ir y venir, ir y venir (Registro de campo, 1 de noviembre de 2017).

Vemos aquí una re-definición estratégica que pasa del merecer al tener, y del techo propio a la idea de condiciones de vida dignas.

Lo familiar, sin embargo, sigue siendo un criterio de reconocimiento de parte del Estado. En este caso, el tamaño de patio resulta insuficiente para tener un hijo, al abuelo enfermo se le busca asignar la vivienda nueva.

En base a los datos que he podido recolectar, la definición del “tener dignidad” como matriz de transformación subjetiva no es exclusiva de las políticas referidas al hábitat, sino que impregna los más diversos campos: la enuncian funcionarios públicos, atraviesa los medios de comunicación, e incluso, moldea los vínculos de las personas en la comunidad. Desde estos múltiples espacios, se conjuga e incide tanto en las estrategias del gobierno como en las luchas que se le presentan en clave de “vida digna”.

Como hemos podido ver hasta aquí, el gobierno neoliberal de la pobreza en la Ciudad de Córdoba se articula bajo una racionalidad de lo fragmentario y encuentra en la intervención en el territorio un camino para incidir en la vida de las personas de un modo -en palabras de Romina- “traumático”. Entre los elementos más destacables del accionar de este dispositivo se puede resaltar, por un lado, la búsqueda permanente de destituir aspectos ligados a lo colectivo, el encuentro, la articulación y, por el otro, la producción de dos matrices de transformación subjetiva: el merecer y el tener dignidad.

La subjetivación como responsabilidad de sí

A tono con lo descripto, he podido identificar una práctica de sí que se reformula desde la disolución de lo social que implica el gobierno de lo fragmentario, y revaloriza el lugar del sí mismo, la responsabilidad que tiene el sujeto por su devenir. Para analizar esta modalidad de apropiación subjetiva tomaré la letra completa –y siguiendo el orden original- de una canción de cuarteto (música popular cordobesa[18]) llamada “Soy”[19], en articulación con fragmentos de registros de observación.

Esta canción la trabajamos con las y los jóvenes de Barranca Yaco en el marco de un taller en el Proyecto Socio-educativo. Fue propuesta como disparadora para reflexionar sobre la construcción de identidades. Como muchos y muchas la conocían, la empezaron a cantar y se provocó un clima festivo en el espacio.

Francisco- ¿De qué habla la canción?

Jony (joven)- De un hijo del destino.

Coordinador- ¿Del destino?

Jony- Vos sabés wacho… (Registro de campo, 30 de octubre de 2015).

Su letra permite echar luz sobre lo que considero es una de las formas de apropiación subjetiva que se encuentra como pliegue y condición de diversas actitudes y disposiciones de las y los jóvenes de la villa. Como ya he adelantado, esta forma de apropiación toma a su cargo de manera exclusiva la responsabilidad personal por sobre las más diversas facetas de su vida. La reducción de lo relacional a la relación con el sí mismo, con todo, habilita –como veremos - una salida posible: la vía de la creación artística.

Soy un hijo de mi sangre,

mi propia ideología,

mi templo, mi maestro

mi verdad y mi mentira

resucito cuando siento

que se vuelan mis cenizas

En primer lugar, notamos que la pregunta por la identidad se resuelve por una referencia a la sangre, y desde allí, a la condición de hijo. No obstante, esta condición de hijo no se enlaza a algún Otro significativo: aquí no hay antepasados agentes de transmisión inter-generacional, ni dios creador. Más bien, este repliegue a la sangre y lo familiar puede pensarse ligado a la destitución de otros espacios de pertenencia vincular. Situación que reduce el campo de posibilidades del sujeto a sus vínculos primarios.

La ideología, la creencia, la enseñanza, los criterios de “verdad” y de “mentira”, están solapados en ese yo del cual dependen los demás elementos. Un sujeto que alterna entre las certezas que puede extraer de sí mismo y la necesidad de resucitar de las cenizas.

Esta responsabilización del sujeto por su condición tiene diversas implicancias. Una de ellas, y que en el trabajo de campo he podido constatar que circula con fuerza en agentes externos e internos a la comunidad, es la producción de discursos que tienen como eje la idea de una auto-discriminación.

Roberto (hombre adulto) nos comenta su posición sobre la Marcha de la Gorra: Él no está de acuerdo. Plantea que si la policía te lleva porque usas gorra, entonces deberías dejar de usarla. Según su punto de vista, eso es “auto-discriminarse”. Afirma que las gorras las usan quienes roban. En cambio, si te llevasen por ser villero, sí le parecería bien la Marcha (Registro de campo, 14 de mayo de 2016).

Estos discursos desconocen tanto la relevancia del contexto en la conformación de esta percepción de sí, como la necesidad de acciones colectivas. Más bien, se asientan sobre esta modalidad de apropiación subjetiva que refuerza la responsabilidad de su condición de marginal, invisibilizando el complejo escenario que sostiene dicha exclusión.

soy el sicario que me perdono la vida

soy derecho retorcido

mal amante, buen artista

un completo inestable

descompuesto de poesías

En este modo de apropiación subjetiva, las imperfecciones forman parte de lo reconocido, pero, en tanto auto-creador de ellas, es responsabilidad de sí tomar a su cargo su redención y perdonarse la vida. Es decir, ni se trata de algún tipo de dios que lo libera, ni lo imperfecto se refiere a un estado pecaminoso que debe ser revertido. Aquí la cuestión no pasa por lo moral, por lo bueno y lo malo. La imagen es la de un asesino a sueldo, un sicario. La acción: una redención, el perdonar una sentencia de muerte, liberarse de ella y brindarse la posibilidad de vivir.

En las relaciones cotidianas del barrio, esta reducción a la responsabilidad personal y cierta relativización del aspecto moral de las acciones, tiene como una de sus consecuencias el naturalizar la circulación del desprecio y una economía de la violencia que puebla diversos territorios juveniles.

Juliana (Joven)- ¿Por acá te quedaste?

Coordinador- Después de lo del elefante.

Fernando (Joven)- Más abajo.

J- Bueno, bueno: "¿Quién le puso el nombre...

Marisa (Joven)- ¡Ahí!

J - ¡Callate vos!

Coordinador- Te está indicando, te está ayudando…

(Juliana golpea a Marisa)

Coordinador- y no le pegues porfa...

M- Oh… ¡déjeme! Así nos tratamos nosotros. Si no le gusta, no nos mire (Registro de campo, 28 de octubre de 2015).

El pliegue sobre sí mismo, en este caso, se articula con la naturalización de un desconocimiento del otro. El repertorio de respuestas naturalizadas incluye el desprecio, la invisibilización, la desafiliación, e incluso, el deseo de muerte. En última instancia, si alguien no está de acuerdo, que “no nos mire”, ya que es responsabilidad de cada quien salvar su dignidad y derecho a la vida.

soy, soy lo que soy

soy porque estoy

en lo que estoy

soy porque voy

a donde van

todos los sueños que persigo

En este modo de vivir, el arte figura como una salida, como un devenir que va del “derecho retorcido” a la des-composición artística. Desde estas resoluciones, entonces, es posible el arte, la poesía y perseguir sus proyectos asumiendo lo imperfecto de sí: “Soy la más perfecta imperfección/ yo no tengo creador/ yo a cada rato me invento”. El eje puesto en el sí mismo lleva a la necesidad de un inventarse, y la ausencia de Otros significativos, de una tradición, de una memoria, vuelve a este auto-inventarse una necesidad constante. El ser se ciñe al aquí y ahora, destituido de redes vinculares, pero auto-habilitado a la creación y la proyección.

En mí trabajo de campo, la apropiación de sí ligada al arte estuvo especialmente presente en algunos jóvenes quienes utilizaban el rap como forma de expresión. Si el cuarteto es una expresión artística local, propia de Córdoba, el rap en cambio, emerge como una clave de protesta globalizada[20], aunque con una fuerte presencia en los sectores populares de Córdoba[21].

Una de sus características centrales es que permite articular relatos de experiencias ligadas a la pobreza, la exclusión, la indignación, con lo musical y artístico, produciendo un modo de expresión, una forma de habitar el espacio social e identidades por pertenencia que son eminentemente juveniles (Cuenca, 2008).

Por ejemplo, en un taller de jóvenes compusimos de manera conjunta la siguiente letra:

En mi barrio hay un canario.

Los muchachos corren como gallos,

en la calle hay un elefante,

de mi barrio es la banda Canallo.

Lavando platos me paso el rato, 

como loco lavo y enjuago.

En la calle todo vale,

riendo y saltando valles.

La gente pelea como perros y gatos

Acá los cerdos se comen a los patos

El elefante los saca volando.

Tiroteos pasan a cada rato.

Es mi barrio, es Barranca Yaco (Registro de campo, 4 de abril de 2017).

Este modo de apropiación les permite lidiar con lo doloroso de su vida cotidiana y el malestar que acarrea la vida marginal, un camino para expresar “la procesión que va por dentro”, así como generar códigos compartidos de reclamo, de reconocimiento mutuo y de invenciones, incluso estéticas. La participación en estas expresiones culturales permite generar nuevas redes vinculares y grupos de pertenencia (Bonvillani, 2017), lo que habilita la articulación y creación de otros modos de apropiación subjetiva que superan este solipsismo.

Soy lo que ha quedado de mi voz

por el asco de aguantar

tanta procesión por dentro

Este sujeto es un resto, con una “procesión por dentro”, pero capaz de renacer de las cenizas, y fundarse a sí mismo. Le da asco, le repugna su propia emoción, su experiencia más íntima con este mundo cuya puerta de ingreso colinda con la muerte.

soy así, soy lo que soy

mi destino, mi amuleto

soy así, y a dónde voy

soy... siempre lo que yo quiero

Su vida fue perdonada, arrojado a una existencia a la cual la decisión de cómo vivirla depende pura y exclusivamente de lo que pueda inventar en cada instante.

Reflexiones finales

En resumen, para el caso de Córdoba, considero que las estrategias de gobierno desplegadas mediante las políticas de hábitat y urbanismo se pueden sistematizar bajo la idea de una racionalidad de red de fragmentos. Red de fragmentos que brinda un soporte al poder para desplegarse sobre las poblaciones pobres de la Ciudad, y que tiene como función estratégica la destitución de capacidades relacionales y políticas de las subjetividades afectadas.

Como hemos podido visualizar a lo largo del análisis, las sucesivas intervenciones en materia de hábitat en Barranca Yaco han provocado, a la par de mejoras en infraestructura, enormes dificultades subjetivas y relacionales (especialmente condicionadas por una alteración de lo cotidiano y desactivación de procesos comunitarios). Los programas habitacionales estudiados se desplegaron negando la participación de la comunidad implicada[22]; observación que contradice los supuestos neoliberales según los cuales históricamente las acciones estatales para los pobres tendieron a otorgarles un rol pasivo y, en cambio, con las nuevas políticas pasarían a sujetos activos. En lo que se refiere a la participación, y a tono con diversas investigaciones en el campo (Murillo, 2011),  se observa el proceso diametralmente opuesto: la objetivación de los actores involucrados a una mera posición de recepción (“merecedores por sufrientes”; “receptores de dignidad”).

Frente a este escenario de fragmentación y destitución, se percibe la consolidación de una práctica de subjetivación juvenil que se asume como un arreglo individual, un autoinventarse constante. Quedan abiertas las preguntas por la potencia emancipadora de esta subjetivación, la cual parece pivotear entre el repliegue individualista y el desarrollo de una capacidad creadora que le permita producir articulaciones sociales más amplias.

Sin embargo, desde el punto de vista de la política pública, podemos aseverar que difícilmente alcance una política social que se base en el desarrollo individual de quienes fueron ubicados al margen –como pregona el emprendedurismo– como modo de resolución autogestiva de los problemas sociales. Al respecto, Foucault (2007) señalaba la desigualdad de fuerzas que las políticas sociales neoliberales programaban entre el incentivo del mercado y las propuestas de recomposición social. En este caso, se destinaron cuantiosos recursos para “recuperar” terrenos y excluir e invisibilizar una población a la cual, después, se la intenta re-incorporar, por ejemplo, mediante talleres de oficios e incentivos a pequeños emprendimientos.

En cambio, el estudio realizado permite sugerir, como máxima, la necesidad de reforzar estrategias de participación y de articulación territorial; y como mínima, la necesidad de ser críticos sobre los profundos efectos que han tenido las últimas medidas públicas en términos de fragmentación social. En esta línea, considero necesario promover intervenciones que re-activen la vinculación y que rescaten a los y las ciudadanas del aislamiento al que ya más de cuarenta años de neoliberalismo nos ha llevado.

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Gobierno neoliberal de la pobreza en Córdoba: hacer la vida en una red de fragmentos

Francisco Ghisiglieri


[1] Fecha de recepción: 18/01/2020. Fecha de aceptación: 08/05/2020.

[2] Instituto de Investigaciones Psicológicas (CONICET-UNC) - Facultad de Psicología (Universidad Católica de Córdoba). Licenciado en Psicología por la Universidad Católica de Córdoba. Doctorando en Psicología por la Universidad Nacional de Córdoba.

[3] Empiezan a desarrollarse en Córdoba con el regreso de la democracia, mientras que en Capital Federal las primeras relocalizaciones suceden durante el Gobierno de Facto (Blaustein, 2006).

[4] Sobre las particularidades de este proceso en el gobierno cordobés, véase Avalle & Ibáñez Mestre (2011).

[5] Por caso, los programas de hábitat y urbanismo que se llevan y llevaron adelante en Córdoba -el Programa “Nuevos Barrios: Mi casa, Mi vida” y el Programa de Mejoramiento Barrial- fueron incentivados, programados y financiados por organismos internacionales como el Banco Interamericano para el Desarrollo.

[6] Bajo fórmulas como la del presidente chileno Salvador Allende: ser joven y no ser revolucionario es una contradicción biológica.

[7] Barranca Yaco es una villa en proceso de urbanización ubicada a los márgenes de la Ruta Nacional No. 19, en el ingreso de la Ciudad de Córdoba desde la ciudad de San Francisco. En el 2008, a motivo del anuncio de un programa de viviendas para la villa, se reconocían 326 familias habitando el lugar. El escenario de observación privilegiado fue un Proyecto Socio-educativo ubicado en el barrio, llamado Guadix (un espacio laico en el cual participan niños, niñas y jóvenes, quienes asisten regularmente al apoyo escolar y a otras actividades socio-educativas.

[8] Sobre las implicancias del “Programa Mi Casa, Mi Vida” existe abundante literatura. En el ámbito de las Ciencias Sociales de Córdoba, el colectivo de investigación Llano en Llamas (Ciuffolini, 2011b; Núñez & Ciuffolini, 2011; Scarponetti & Ciuffolini, 2011) y el programa de investigación Acción Colectiva (Boito, Cervio & Espoz, 2009; Scribano & Boito, 2010) son referencias ineludibles. En sus análisis sostienen una visión crítica hacia el accionar del Estado y señalan las consecuencias negativas que tuvo esta política social para los sujetos afectados en términos de desconocimiento de sus necesidades, de aumento de la segregación socio-territorial y de complicidad con intereses de grandes grupos económicos, entre otros.

[9] La noción de gentrificación emerge de los análisis realizados en el mundo anglosajón, especialmente en Londres, y se la considera como un fenómeno propio de la fase pos-fordista del capitalismo. En términos generales, se define como el cambio de habitantes de un sector de la ciudad, en el cual quienes ingresan tienen mayor poder adquisitivo que los usuarios anteriores; en este proceso media la reinversión y revalorización del espacio en cuestión (Díaz Parra, 2014).

[10] Barrios como General Paz o Güemes ocupan un lugar especial aquí por su significativa similitud a procesos de gentrificación de otras ciudades del mundo, deviniendo polos gastronómicos y culturales de gran importancia.

[11] José Manuel de la Sota, perteneciente al Partido Justicialista, ha sido Gobernador de la Provincia de Córdoba en los períodos 1999-2007 y 2011-2015.

[12] La participación de Barranca Yaco en este Programa se da gracias a la gestión de un conjunto de vecinas que encuentran allí una respuesta a sus reclamos históricos de vivienda propia. A diferencia de la mayoría de las comunidades originalmente destinatarias del Programa, para quienes fue una decisión que se les impuso e incluso frente a la cual algunas resistieron, este grupo de Barranca Yaco participa de manera voluntaria y como fruto de un movimiento comunitario (Cervio, 2007).

[13] La Mesa de Concertación de Políticas Sociales fue creada en 1992. Participaban de ella organizaciones territoriales asesoradas por ONG´s. Muchas de estas organizaciones territoriales son las que luego conformaron la Unión de Organizaciones de Base por los Derechos Sociales.

[14] Un informe del SEHAS publicado del 2007 (Buthet, Baima & Maldonado, 2009) indicaba la siguiente situación laboral en las villas de Córdoba: con trabajo estable (más de 3 meses): 21,0% (incluye 5% en relación formal de dependencia recibiendo aportes jubilatorios); con ocupación temporaria (changas): 28,5% y desempleada: 49,5%.

[15] En este caso, cabría preguntarse ¿Qué posibilidades de agenciamiento deseante caben en un discurso que tiene por principio la negación del otro? Una discusión sobre las implicancias que tiene la discursividad perversa desde una lectura psicoanalítica, véase Marcia Maluf (2001).

[16] Juan Schiaretti pertenece al Partido Justicialista y ha sido gobernador de la Provincia de Córdoba en los períodos 2007-2011, y 2015-2019.

[17] El término “villa miseria” lo utilizó Bernardo Verbitsky (1957) por primera vez en su novela “Villa miseria también es América” parafraseando al poeta negro Langston Hughes (Blaustein, 2006): “Yo, también, soy América”.

[18] Se trata de un estilo musical que surge a mediados de la década de 1940 en Córdoba, inicialmente como orquestas típicas que interpretaban música de carácter alegre. Con el tiempo, se fueron incorporando otros ritmos (especialmente caribeños), y sus consumidores se fueron circunscribiendo cada vez más a poblaciones juveniles (Blázquez, 2006). El estereotipo del sujeto del cuarteto es, como señala Blázquez (2008), el “negro cuartetero”, un sujeto “alegre, pobre y bastante afín a las bebidas alcohólicas” (p. 10). A su vez, podemos decir que se trata de una expresión cultural íntimamente ligada a los sectores populares. Muchas de sus letras hablan, como la que trabajaré a continuación, de las particularidades de una condición marginal.

[19] La canción es interpretada por el cantante Ulises Bueno. Registrada el 07/07/2015. Sus autores son: Tapia, Manuel Luis; Bainotti, Marcos David; Barzola, Matías Mateo; Bueno, Flavio Alberto Nazareno.

[20] Recordemos que su historia, como parte de la cultura del Hip Hop, se refiere a una producción marginal relacionada con la cultura afroamericana, la cual nace de los barrios bajos de Nueva York. Para entender su masiva propagación a diversas regiones del mundo, los medios masivos de comunicación son un elemento central.

[21] Entre sus representantes locales, se destaca el grupo Rimando Entreversos, conformado por jóvenes de villas cordobesas.

[22] Como hemos visto: la articulación previa al Programa “Mi Casa, Mi Vida” resultó cooptada y desdibujada en la intervención estatal que terminó codificando el proceso como una bondadosa acción del gobierno. En el caso del Pro.Me.Ba., por su parte, si bien el Programa implicaba una serie de medidas para garantizar la participación de la población, estas no se hicieron efectivas.